Dime tus creencias y te diré tu realidad.

La vida no está compuesta de eventos aleatorios, externos e independientes con un único significado inherente. A lo largo de la historia, los filósofos y ahora los científicos, nos vienen diciendo que la realidad es algo completamente neutro y que cada uno de nosotros usa su lógica privada para interpretarla y asignarle un significado. (La lógica privada es un concepto establecido por la psicología individual de Alfred Adler (1870-1939), contemporáneo de Sigmund Freud y Carl Jung.) Esta lógica consiste de las decisiones que tomamos de manera inconsciente cuando aún éramos infantes. A lo largo del tiempo, consolidamos estas decisiones en creencias para crear nuestro «sistema operativo» y de esta manera construir y gestionar nuestras vidas. 

El poder de nuestras creencias es tal, que no sólo determinan nuestro propio comportamiento, sino que también pueden influir el comportamiento de los demás. Esto quiere decir que la manera que alguien se comporta conmigo y con los demás puede llegar a ser el resultado de lo que yo mismo creo (aunque de manera indirecta). Pero eso no es todo. Mis propias creencias filtran lo ocurrido para luego brindarme una interpretación posterior. A pesar de entender este concepto intelectualmente, todavía es increíble para mí creer que mi manera de ver y entender las cosas no es “la verdad definitiva” de la vida, pero simplemente lo que yo pienso que es la verdad.

Aceptar este paradigma tiene varias implicaciones no solamente para nuestra vida personal sino que también para nuestra vida profesional. En este caso, me enfocaré en dos de estas implicaciones.

La primera implicación

Es la necesidad de trabajar nuestras creencias, lo cual considero primordial. Si la manera que interpreto mi vida el día de hoy se basa en cómo logré entenderla cuando era una criatura de 3, 4 o 5 años, necesito actualizar mi sistema operativo para poder construir y gestionar mi vida de manera que refleja mis deseos y necesidades como adulto. (De aquí viene el concepto del niño o la niña interior, lo cual no logre aceptar hasta no empezar a trabajar con los fundamentos de la psicología adleriana.)

La segunda implicación

Es empezar a tener más comprensión sobre la perspectiva de los demás. Aunque podríamos creer que los demás deberían ver el mundo tal como lo vemos nosotros, las otras personas también cargan con su propio equipaje de creencias. Saber que defender nuestras creencias—y no la “verdad definitiva” de la vida—provocará un choque de trenes es nuestra señal para emplear una actitud de curiosidad. Desde este espacio de toma de consciencia y comprensión de las demás personas podemos crear relaciones más positivas, lo que en turno nos ayuda a transformar algunas de nuestras creencias limitantes sobre nosotros mismos, las otras personas y nuestro lugar en la vida.

Imaginemos cuán efectivamente podríamos transformar nuestras vidas personales y profesionales si dedicáramos intencionalmente parte de nuestras vidas a nuestro crecimiento y desarrollo personal a través de la gestión de nuestras creencias, lo cual es una de las formas más adecuadas para darle sentido a nuestras vidas. No solo experimentaríamos hogares más tranquilos, sino que también lugares de trabajo más productivos y vidas profesionales más satisfactorias, tal vez lo suficiente para transformar nuestra realidad colectiva.

 

Un comentario de “Dime tus creencias y te diré tu realidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *