El cambio empieza con un deseo—y tres letras.

Desde tiempos inmemoriales, sabemos que el cambio es un fenómeno fundamental en la vida. El reconocido filosofo griego Heráclito de Éfeso (540 a.C. – 480 a.C.) ya nos dijo en su tiempo que «lo único constante en la vida es el cambio.» Y, sin embargo, la mayoría de la gente resiste el cambio por miedo a una o varias cosas como puede ser enfrentar lo desconocido, la incertidumbre, la incomodidad, el rechazo, el fracaso, el éxito, la perdida, la desconexión, la vergüenza, los juicios, etc.

Empezar a provocar nuestros propios cambios

Para lograr experimentar más felicidad en nuestras vidas, necesitamos provocar nuestros propios cambios de manera proactiva, ya sea haciendo más de lo que deseamos o dejando de lado las cosas que impiden nuestro progreso hacia el bienestar. De lo contrario, la vida hará los cambios por nosotras y posiblemente no obtendremos los resultados deseados. 

Partiendo de la premisa que tenemos el deseo de provocar cambios positivos en nuestra vida y que hemos desarrollado suficiente valentía para enfrentar nuestros propios miedos, ¿por dónde empezamos?

Las 3 letras del cambio sostenible

Todo cambio requiere un proceso. El programa Encouragement Consultant de Lynn Lott, que se basa en los principios de la psicología individual de Alfred Adler, nos brinda Las 3 A’s, una formula simple pero poderosa para fomentar el cambio de manera alentadora y sostenible. El proceso consiste de tres fases:

Autoconsciencia: Darnos la oportunidad de descubrir más sobre quiénes somos y cómo nos vemos a nosotras mismas en este instante. Dicho de otra manera, ser consciente de nuestra autoimagen. También es importante tomar consciencia de nuestras propias creencias, comportamientos y actitudes para entender de que manera estas impactan nuestra realidad.

Aceptación: La aceptación significa aprender a ver las cosas como información en vez de como juicios de valor. Por lo tanto, aceptarnos a nosotras mismas es ser capaz de decir «Así soy yo,» mientras dejamos ir los juicios de valor, críticas, comparaciones, y los pensamientos basados en «debería» y «tengo que.» Enfocarnos en la realidad (lo que es) en lugar de enfocarnos en el pasado (lo que fue) o el futuro (lo que podría ser) nos permite soltar lo que no funciona y también dejar de pensar que no somos lo suficientemente «buenas.» Como resultado, tomamos consciencia de nuestros comportamientos inútiles ya sea después, mientras, o justo antes de hacerlo para empezar a tomar acción de manera más autentica en lugar de caer en viejos patrones de autocastigo.

Acción: Una vez que nos aceptamos a nosotras mismas, empezamos a descubrir que el mundo está lleno de opciones. Tomar acción implica desarrollar el coraje de ponernos manos a la obra en el mundo real para buscar nuevas opciones y aprender de nuestros errores. Este último paso fluye de forma natural al estar más abiertas a nuevos pensamientos, actitudes y conductas en vez de obsesionarnos con nuestros errores o de seguir intentando impresionar a los demás.

Nada de esto quiere decir que hacer cambios es algo fácil, especialmente si hemos dedicado nuestra vida a crear creencias limitantes sobre nosotras mismas y sobre nuestro valor personal. Lo que sí dice es que hay una manera de salir de la rueda de hámster y poner fin al ciclo vicioso de auto-castigo y sufrimiento personal para lograr encontrar nuestro lugar legítimo en el mundo.

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